cierras los ojos,
dejando que tu alma
se empape de invierno,
allí donde decía Médem
que todo sucede
más deprisa...
Tan rápido como
estos trescientossesentaycinco días
que han pasado ante tus ojos,
sin casi apenas darte cuenta...
Ayer, de madrugada,
conducías por una carretera
desangelada, entre la niebla,
abrigada al calor de Bon (h)Iver.
Durante el trayecto de vuelta a casa,
solitaria, con tus pensamientos a cuestas,
recorrías los días impares,
asumiendo la transformación
que ha traído consigo este año.
Enero te arrancó de un soplido
al último guardián de los
recuerdos de tu infancia, en esas cocinas
en las que fuiste plenamente feliz. Y con el dolor
de la pérdida, a miles de kilómetros nació
una nueva casualidad y un reencuentro.
Puede que no conserves nada de febrero
y marzo. Quizá tenías tanto frío que,
enroscada en la espiral de tu
alfombra, intentabas crear un caparazón
de acero, un refugio aislante,
para no congelarte para siempre.
Y mientras te dedicabas a ello,
lentamente el calor cedió, abrió tus poros.
Deshacías el hielo de tu coraza, sabedora
que pronto llegaría la calidez del sol,
el salitre en la piel, la amabilidad
de los días sin reloj.
Recorriste Italia, Portugal
como en una road movie...
y entonces su recuerdo se hizo caricia,
flotando dentro de ti, dulce,
muy dulcemente.
Todo parecía fácil.
París fue un delicioso sueño,
que hiciste realidad,
hasta que apareció septiembre,
con su otoño bajo el brazo,
provocando el caos,
al son del aleteo de una mariposa en Pekín.
Impulsiva viajaste kamikaze hacia él,
encontrándole justo en las escaleras mecánicas
de su vida. Allí estábais, inesperadamente,
juntos, otra vez, fundidos en ese abrazo abrasador.
Las hojas secas fueron testigo de vuestros
besos, quizá los besos más eléctricos
que jamás habrás sentido, para después odiar
las despedidas; ese nostálgico sabor
a mar en la comisura de los labios.
Y ahora diciembre desaparece,
nuevas pecas surcan tu cara,
testigos del tiempo, de los cambios....
sin embargo ya no tienes miedo a morir.
Escogiste, en estos tiempos difíciles, sin ilusión,
rozar con la yema de los dedos los sueños...
"Escojo mis derrotas, morir, vivir ....nunca sobrevivir".


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