No existe defensa posible,... pensaba con la mirada perdida entre las olas que luchando morían con fuerza contra las acantilados. No había excusas, ni tan siquiera decir que fue en nombre del miedo. Ese terrible monstruo, que con su energía todo lo distorsiona. A su paso arrolló los sentimientos con su locomotora sin frenos, hasta conseguir arrastrarla hacia los laberintos más oscuros del alma, hiriéndole: a él, a ella, al nosotros.
Ahora, frente a ese mar que tántas veces la salva, entiende que tenía miedo,...
Miedo a perderle, miedo a la ausencia, al silencio...
Olvidando por completo que sus mayores tesoros son aquellos que guarda celosamente en una caja metálica, escondidos entre la ropa interior de su mesita de noche.
MENOS TUS OJOS
Hace 1 hora.

Al silencio, al silencio...
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