En estos días sin vorágines, mientras a mi alrededor los demás se mueven con prisas, silenciosa, invisible, me dedico a buscarme paseando por la ciudad, por aquellos rincones que hace mucho que no transito o por aquellos lugares que nunca antes había pisado... y entre ellos me concedo el placer de visitar una de mis librerías favoritas, esos escondites imprescindibles, que últimamente me había prohibido visitar en un intento -fallido- de ahorrar.
Nada más entrar me doy cuenta que echaba de menos ese pequeño santuario en el que mi yo se siente tan a gusto, deambulando por sus esquinas a través del olor de los libros nuevos y el tacto analógico del papel, dejándome llevar por atractivos títulos, curiosas portadas o potentes fotografías más que cualquier otra lista de "libros a leer" que nunca, o casi nunca, consigo llevarme a casa, porque al final me seducen otros.
[A veces me gustaría ser valiente, saltar al vacío, y realizar mi sueño (ése que iluminó muchas tardes de confidencias de bar en los últimos años de carrera). Construir un refugio atemporal, mi propia librería-cafetería. Imagino cómo sería. Quizá fuese cálida, muy cálida, de suelos de madera, con sillones de diferentes épocas y dueños, alrededor de una barra de bar y quizá también al fondo contase con un piano, en el que algún atruista espontáneo arrancaría la sensibilidad de sus teclas en blanco y negro....]
Después de soñar despierta, me acerco sigilosa a la sección de poesía y por alguna razón en particular mi mirada se posa en la portada de este libro. Lo hojeo al azar, y un poema se clava en la memoria, sé que ya no podré volver a dejar el libro en el estante, me siento en la obligación de llevármelo conmigo,... junto a otra antología que hoy se pasea por los rincones de mi casa.
Pido un café y me siento en uno de los grandes ventanales que dan a esas escaleras con sabor a Montmartre, ahora que Leonard Cohen me acompaña...
Esto es para ti
es todo mi corazón
es el libro que quería leerte
cuando fuéramos viejos
Ahora soy una sombra
me siento inquieto como un imperio
Tú eres la mujer
que me liberó
Te vi mirando la luna
no dudaste
en amarme con ella
Te vi rindiendo homenaje a las anémonas
atrapadas en las rocas
me amaste con ellas
Sobre la lisa arena
entre los guijarros y la orilla del mar
me recibiste en el círculo
mejor que un invitado
Todo esto ocurrió
en la verdad del tiempo
en la verdad de la carne
Te vi con un niño
me llevaste hasta su perfume
y sus visiones
sin demanda de sangre
Sobre tantas mesas de madera
adornadas de comida con velas
un millar de sacramentos
que llevabas en la cesta
Visité mi arcilla
visité mi nacimiento
hasta que me volví lo bastante pequeño
y lo bastante miedoso
para volver a nacer
Te quise por tu belleza
me diste más que a ti misma
compartiste tu belleza
Esto lo acabo de saber esta noche
mientras recuerdo los espejos
de los que te alejaste
después de haberles dado
todo lo que te exigieron
para mi iniciación
Ahora soy una sombra
anhelo las fronteras
de mi vagar
y me muevo
con la energía de tu oración
y me muevo
en la dirección de tu oración
porque estás arrodillada
como un ramillete
en una cueva de hueso
tras mi frente
y me muevo hacia un amor
que has soñado para mí.
A mil besos de profundidad. Canciones y poemas (1956-1978)
Leonard Cohen
MENOS TUS OJOS
Hace 1 hora.

Hola, quería saber el nombre del libro (si no es molestia) porque he de reconocer que me ha encantado el pedazo que has puesto
ResponderSuprimir...Anónimo, se trata de una antología poética y lírica de Cohen, llamada así: A mil besos de profundidad. Canciones y poemas dividida en dos volúmenes, correspondientes a períodos del autor entre 1957 hasta día de hoy.
ResponderSuprimirTe lo recomiendo,...su lectora es reveladora.
¡Muchísimas gracias!
Suprimir"No es por deciros nada,
ResponderSuprimirsino para vivir eternamente
por lo que escribo esto.
Es mi codicia lo que amáis.
No me he quedado con nada.
He despreciado todos los honores.
Imperial y misteriosa,
mi codicia os ha hecho esclavos."
Cohen. Me gustan algunas de sus canciones. Me encantan sus poemas. Admiro su personalidad tan elegantemente irreverente, con tanta clase. Siempre que veo ese rostro de sonrisa irónica y honesta parece que alguien me hablara de lo importante de aprovechar el tiempo y vivir intensamente.